Por ese eterno deseo insatisfecho

Percibimos la realidad, la interpretamos; despues la criticamos y la analizamos, luego proponemos y la transformamos.

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sábado, 26 de junio de 2010

Crónica de un viaje desesperado

Son las 6 de la mañana. Hay que levantarse para salir de viaje.
Comimos un desayuno completo, alguien puso en el vaso de la licuadora leche con chocolate, plátano, un huevo, manzana y avena, con una taza para cada quién bastó. Después preparamos sándwiches y empacamos frutas y un tequila. Salió el sol. Salimos de la casa y la familia nos deseó suerte. Nos propusimos no gastar dinero hasta llegar a nuestro destino: Guadalajara. Yo llevaba cien pesos, dos más traían consigo alrededor de 70 y otro más, quizá el más pudiente, llevaba 300. Salimos a la avenida entusiasmados, con objetivo de agarrar un raite que nos lleve a la carretera internacional y ahí buscar suerte. Obtuvimos el raite y caminamos desde la colonia El Conchi hasta la curva que se dirige a Urías, para luego salir de la ciudad.

Podíamos sentir las últimas ráfagas de aire caliente, era octubre. Llegamos al semáforo de Urías y a nadie le parecía importar nuestro mensaje escrito en un cartón con un plumón viejo: “Raite a Villa Unión, a Tepic o hasta Guadalajara”. Pasaron varias camionetas con placas de Nayarit, Jalisco, del DF; pero nadie nos quiso ayudar de verdad. Algunos hasta se reían. Ya nos estábamos desesperando y surgieron algunos comentarios pesimistas como: “Ya hay que regresarnos a desayunar, tengo hambre”. Pero otros no tan pesimistas como: “Aguanten ‘weyes’, en cualquier momento vamos agarrar uno” y mejor nos propusimos esperar y bobear.
Ya eran las 12 del día. Vimos estacionada en una tienda a una camioneta roja con placas de Nayarit, en ella iban dos tipos, el acompañante del conductor era joven y estaba tarabiscoteado... y parecía no importarle la vida, peor que a nosotros; el conductor ya se miraba cuarentón. Le pedí un raite a Tepic, lo pensaron un rato, fueron al baño y compraron víveres, entre ellos cerveza, luego finalmente nos dijeron que nos subamos. Y ahí íbamos.

Nos fuimos por la libre, atrás en una camioneta roja con unos aparatos como sintetizadores. Una vez en la camioneta nos dispusimos a comer, bajo el sol absoluto y poderoso. Luego saqué la cámara y el tequila. Nos fuimos cotorreando y platicando todo el camino, pues nos esperaban varias horas de viaje. Todos nos preguntábamos: ¿qué hago aquí? Así, tomándonos fotos y contemplando el paisaje nublado, pasamos Tepic y ni nos dimos cuenta. Resultó que iban también a Guadalajara, qué suerte.
Por fin llegamos a Guadalajara, en el ocaso, nos dejaron en la entrada de la ciudad, por eso tuvimos que caminar un buen. Nos encontramos con un camión con el Che pintado con esténcil, no dudamos en tomarnos fotos porque somos seguidores, además de que ese día, 9 de octubre, murió él, pero de 1967.
Una vez entrando a la ciudad, llegamos a la casa de un amigo, había fiesta, nos bañamos y nos agregamos al festejo, era su cumpleaños.
Todo fue diversión, hasta el día siguiente: un poco de resaca y a dos de nosotros, los que viajamos con short, se nos quemaron las piernas por el sol del viaje, por eso nos tuvimos que poner alguna pomada barata.

En la gran ciudad, salimos al centro sólo a fisgonear porque no llevábamos dinero para comprar algún material superfluo; pero no se ocupaba dinero para divertirse y entrar en una manifestación contra la simpatía del Cardenal con el Gobernador de Jalisco a costa del pueblo. En la caminada y entre los senderos, aparte de verlos llenos de personas, vimos rondallas, monjes locos e indígenas. Vimos la necesidad cotidiana de las personas. Y a los obreros que gracias a ellos México existe. Después de pasar días vagando, en fiestas, paseos y bares, tuvimos que regresar a nuestro puerto. Tristes batallamos más en conseguir un raite de regreso y las familias se empezaron a preocupar. Esto continuará.

martes, 15 de junio de 2010

mierda

Ella se pasea por el lado oscuro de su colchón pensando en qué agonía dudosa cometería la siguiente noche. Compra un vestido caro de sueños baratos, eso está indiscutible. Tendrá que afrontar la situación de convencer al timorato colega a usar calzado respetable para la gran noche. Ninguna noche jamás había sido tan impetuosa.
Él sufre gripe y un poco de tos, se emborracha, se empalaga y fuma de melancolía, pensamientos y amigos. No puede llegar a fondo de bikini por falta de dinero, pero lo intenta con un inexplorado atajo, ese atajo de la vida que jamás ha sido encontrado. Cansado mejor se queda dormido.
Ella despierta sin desayunar porque leyó en la prensa local que el desayuno es un producto de la mercadotecnia, en concreto: un invento de un cabeza de los cereales. Un tanto ideática, sin culpa. Él despierta ignorando que su amor, ese eterno deseo insatisfecho, jamás fue, es, ni será valorado. Aunque también piensa que el amor es invaluable, curioso aprieto. Y sigue con tos y gripe. Ella de dirige -en camión- al salón de belleza y un niño la besa, cuestiona su suerte. Le platica a su amiga y le dio un aconsejo: que también lo hubiera besado; ya para qué me lo dice y para qué lo besaría, pensó ella, es puro contacto físico-carnal. Otra vez se mostró otro tanto ideática. Él se baña solo (tuvo que calentar agua porque su tos y gripe progresaba) y cuenta con más suerte, nadie lo besa. Se dirige a la fiesta (enzapatado y aburrido, sin olvidar sus enfermedades y el síntoma del sueño y la resaca que intentó curar con cerveza), la gran noche había llegado. Ella sale con medio kilo de plástico en el cuerpo, desde la frente hasta las piernas. Él sonríe y por poco se le sale una contingente e imprudente flema por la nariz. Llegan, bailan y sólo Él toma cerveza. Gasta su dinero, su saldo del celular y su escasa energía. Los dos quieren besarse pero sus valores y principios juegan a ser disidentes a ello, sus deseos frágiles no podían hacer nada. No son novios, sólo simulan serlo. Él se decide y de alternativa arroja un comentario al aire sobre la posible congregación. Ella se lo niega rotunda, grotesca, descarada, sonrientemente; que obviamente no serán novios. La noche no es joven y se deben ir. Se van confusamente agarrados de la mano por un camino a media luz. Ella se hace preguntas sobre el chico que la besó. Él cabizbajo, pisa mierda de perro, pareció ser el resumen del día. Exclamó en su interior: ¡Mierda!

miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Quién carajos es Jonhy?

Era noche lluviosa. Y fría; de enero, y Raymundo no dominaba aun el sueño, era incapaz de tener esa cosmovisión del mundo real. Tenía insomnio pues. Aparte de la falta de sueño, algo andaba mal, su cara lo delataba: mentón largo, boca absolutamente cerrada y sus ojos caídos, como si hubiese fumado de su habitual ‘yerba’. Su padre no había llegado del trabajo, en realidad eso era lo que le inquietaba a Raymundo esa noche que parecía tétrica pero en realidad sólo era lluviosa, porque las películas que había visto por cablevisión le hicieron pensar que las noches lluviosas son lúgubres, al igual que a sus amigos y a los amigos de sus amigos. Su padre que siempre llega a las seis de la tarde, ese día no llegó. Eran las once de la noche y no aparecía, supuso que si salió de algún bar a las diez, llegaría a las once, porque el tiempo para llegar a su casa implica una hora, pues vive lejos del centro de la ciudad, en los suburbios, uno de esos barrios obreros que a nadie le importa.
Pues bien, el padre de él no había llegado y estaba desesperado; abrió el libro La metamorfosis y no tuvo ánimos de leerlo, sólo miró algunos dibujos de hombres-cucarachas, bajó a tomar agua, el agua sabía metal; subió de nuevo a su cuchitril y se sentó a tocar la guitarra, por simple desviación mental. Los malos pensamientos llegaron: se preguntaba si su padre, en donde sea que esté, si estaba bien; ¿no se habrá tomado algunas cervezas y mareado en la calle y en efecto algún carro lo atropelló? ¿No lo habrán levantado algunos pelafustanes para vender sus órganos en el mercado negro?
En fin, Raymundo seguía pensando lo peor. En una de esas monótonas vueltas del círculo de sol, entra su papá y le da un beso en la cabeza, se saludan cordialmente como siempre lo han hecho, como si fueran las cuatro de la tarde. Su padre entra a la regadera y después se va a la cama con Doña Susana. Raymundo recuerda que hay que llevar dinero extra a la escuela por la eminente visita al acuario de la ciudad. Muy imprudente entra a la habitación de sus padres, ya estaban completamente dormidos, decidió no despertarlos y antes de que pudiera salir, su padre –dormido- repitió: “Jonhy”, Raymundo trató de averiguar quién era Jonhy, su padre sólo contestaba: “Jonhy, mi querido Jonhy. Dónde estás Jonhy, no te escondas Jonhy, ya te vi enteco”. Raymundo no supo qué quería decir con “enteco’, muy confundido y basado en el subterfugio de un sorpresivo dolor en la espalda, se recostó y cuestionó su contingencia: “¿A quién habrá besado mi padre antes que a mí? ¿Quién carajos es Jonhy?”

domingo, 9 de mayo de 2010

El arbitro



“El arbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.
Los Jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Solo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón s persigna antes de entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.

Su trabajo consiste en hacerse odiar. Unica unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamas lo aplauden.
Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro esta obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia se le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo todo el público recuerda su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.
A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si el no existiera. Cuanto más lo odian, más lo necesitan.
Durante más de un siglo el árbitro se vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.

jueves, 29 de abril de 2010

La habitación del pánico


Todo iba bien, mejor de lo esperado: se despidió de su novia, cenó chilaquiles, se bañó y lavó las tortugas que tenía de mascotas, una se llamaba Maclovia y otra Hortensia. Una vez en la cama, acostado bocabajo empezó a leer, no entendía la filosofía existencialista. Tenía alrededor de 30 minutos leyendo cuando en un parpadeo se percató de dos antenas saliendo del borde del colchón, su vista alcanzó a ver a la criatura poseedora de las susodichas antenas: una asquerosa, negra e imprudente cucaracha. Raymundo sin mucho que pensar, tomó un guarache e intentó matarla, un golpe en el cuerpo no bastó, parecía mareada, daba vueltas intentando escapar. Al fin se refugió en algún sitio de cortina oscura de la ventana. Raymundo sacudió la cortina y el colchón pero la cucaracha no salió. En un acto de heroísmo levantó toda la cortina con una mano mientras que con la otra sujetaba el latente guarache vengador. Vaya sorpresa que se llevó cuando desde el más profundo rincón de la esquina de su ventana escapó volando el metiche insecto. Raymundo, del susto por la impresión, cerró los ojos y no vio en dónde aterrizó, la buscó en todo el cuarto pero nada, como si hubiera desaparecido de la faz de la habitación. Creyó inoportuno seguir leyendo, además sus incómodos pensamientos no lo iban a dejar. Desde luego, empezaron las hipótesis, desde que si me sale por atrás, si vuela y me cae en la cabeza, o ya dormido que llegue a la cama, se me suba encima y entre por uno de mis orificios del cuerpo, todo esto le siguió con varios reproches a la evolución animal, ¿por qué las cucarachas tienen alas? Es injusto para las ratas, lagartijas, arañas y/o serpientes.
Luego de descansar de aquella pequeña batalla, que claro, perdió; prendió el televisor, estaban los Simpson y su teatro absurdo, irracional y sin sentido, burlándose de la vida de los humanos; en el capitulo March amenazaba a Bart con castigarlo borrándole sus tonos preferidos del celular, o lo que es peor: despojarlo del Internet; absurdo pero cierto, en cuanto a castigos infantiles del siglo veintiuno.
Después de un rato de que Raymundo recobrara confianza en su cuarto, siguió buscando a la cucaracha, lo distrajo el calendario que tenía colgado en la misma pared que se encuentra el aire acondicionado. Era uno de esos que tiene una foto de diferente chica para cada mes, estaba una morena perfectamente maquillada posando en un pupitre, señalando marzo, había un error, en ese tiempo era abril. Intentó cambiar de hoja pero antes de que pudiera, escuchó un fuerte zumbido, luego la cucaracha le pasó frente a sus ojos. ¿Alguien sabe por qué cuando vuelan, las cucarachas no parecen cucarachas?
Ahí estaba la guerrera, enfrentándose valientemente, riéndose, mofándose de un ser que puede ser más de un millón de veces más grande que ella. Raymundo –por fortuna- vio dónde aterrizó y rápido la mató de un agresivo pisotón. Se sentía realizado. Con el pie la empujo hacia una esquina, apagó la luz y se echó a dormir. Sin concebir el sueño, vio una nueva mancha en la pared, por curiosidad prendió la luz y efectivamente, era otra cucaracha, se preguntó si también volaba, antes de que pudiera averiguarlo la mató a quemarropa sobre la pared. No lo podía creer, ¡dos cucarachas en una noche! Un especie de record para la invasión de animales desagradables en su cuarto. No estaba acostumbrado a recibir visitas imprudentes. También la empujó hacia donde estaba el primer cadáver, que por cierto tenía ya unas cuantas visitas de hormigas; percibió que nunca había visto hormigas voladoras, o a lo mejor sí y las confundió con una mosca o mosquito. Idea que pronto rechazó.
Con la luz prendida y el monótono ruido del abanico, sólo se sentó en la cama, vio que había una pequeña mancha de sangre en la pared, y estaba muy cerca del aire acondicionado, ¡claro, entran por los orificios libres que hay entre la pared y el aparato! Rápido tapó el orificio horizontal con un tuvo viejo, y el vertical con unos cables del Internet, también viejos. Luego especuló que en alguna casa vecina rociaron insecticida, y recordó vagamente que el día anterior su padre le dijo que vio una rata, rosa y pequeña.
Volvió a prender la televisión, le cambió al canal de animales y curiosamente había un documental sobre cucarachas. Lo que más le sorprendió, y alarmó, fue el dato que decía que si ves a una cucaracha en tu casa, podría haber miles en la misma. Y el que una cucaracha puede sobrevivir hasta nueve días sin cabeza, tras morir de hambre. Raymundo mejor apagó la TV y se volvió acostar, pero ahora con la luz prendida y siempre alerta, sin ánimos de dormir, sabía que iba a ser una noche larga.
Tras no ver ninguna otra invasora, llego poco a poco el sueño. Estaba entre el sueño y la realidad cuando sintió como si le pasaran un hilo por el pie, no le tomo importancia, pues estaba más dormido que despierto. Después sintió como si le hubieran echo cosquillas en las plantas de los pies, abrió los ojos, voltio al otro extremo y no estaba solo en la cama, ahí se encontraba una posible prima hermana de las primeras dos cucarachas. De un salto salió de la cama, con el guarache intentó bajarla, pues no la iba a matar en el lugar donde dormía, no pudo bajarla y la cucaracha se escapó hacia el fondo del cuarto donde se encontraban los cajones con su ropa, discos, libros y tele; abriendo los cajones y pegándole a la cómoda, la cucaracha salió, pero acompañada de otras dos, ¡y las nuevas eran voladoras! Raymundo quería explotar de miedo, sueño, angustia, asco, coraje e impotencia. Primero eliminó a la que le estaba haciendo cariñitos en la cama, después pisó a una voladora que estaba cerca de la puerta, y la otra se escapó. Raymundo no lo podía creer, había matado a cuatro cucarachas en menos de dos horas, ¡la cantidad que había matado quizás en cinco años! ¡Y una seguía libre!
A Raymundo le era imposible pensar en un posible nido de ‘cucas’ detrás de la tele, porque las que había salido eran grandes y algunas voladoras, así que no tenía idea de dónde provenían las antedichas huéspedes.
Tras haber leído la teoría darvinista y la selección natural, se quejó de la humanidad por haber inventado un insecticida. Pues por ejemplo, cinco de las diez cucarachas roseadas de veneno sobreviven, por lo que quiere decir que estas cinco tienen mejores defensas, son más fuertes y aspiran a ser mejores; estas se reproducen y sus genes poderosos prevalecerán en sus crías, y en las crías de sus crías y así sucesivamente, hasta que después de muchos años probablemente tengamos cucarachas resistentes a todo, que puedan respirar bajo el agua o convertirse invisible para el ojo humano. Entonces los humanos no dominaremos el mundo.
Raymundo, como buen escribano, decidió documentar la contingencia con las cucarachas. Tomó una pluma y en el primer papel que vio escribió: “Quisiera tener poderes que me hagan percibir vidas de cucarachas en este cuarto, muy aparte de la mía, así, si no percibiera vidas, significara que no hay cuc…”, de pronto la pluma dejó de brindar tinta, fue por otra pluma que tenía en su mochila que estaba sobre un clavo en la pared de la puerta, abrió el cierre, metió la mano para sacar la pluma y se encuentra ni más ni menos con centenares de cucarachas, ¡en la mochila! Muchas de ellas salieron volando, otras caminando asustadas. Raymundo ahora sí se asustó en serio, rápido abrió la puerta y bajó corriendo las escaleras, al ir bajando a la sala se dio cuenta que sus padres estaban leyendo el periódico, a esas altas horas de la noche. Tras un grito desesperado pudo atraer la atención de los papás, ellos voltearon y a la media vuelta, Raymundo se desvaneció, pues sus padres tenían cabeza de cucaracha, una cabeza babosa y negra con grandes antenas que llegaban hasta el techo.
Raymundo despertó en su cama, tranquilo, era de mañana, todo estaba en su lugar, sin cucarachas; luego empezó a gritar, llegaron sus padres a tratar de calmarlo pero Raymundo no dejaba de moverse eufóricamente en la cama. ¿Cómo es que un sueño te puede traumatizar?

domingo, 25 de abril de 2010

El lugar donde la vida cobra culpa y sufrimiento

Imagínenme en misa de quince años de mi hermana. Nadie imaginó que fuera ir alguna vez a misa después de haber despertado hacia mi uso de razón y libre albedrío. Siempre he sido disidente a la iglesia y sus hipocresías, no estaba cómodo, pues efectivamente no sabía qué hacer, no sé persignarme, no pude adivinar los diálogos de los rezos pues los mencionan muy rápido. No es que sea ateo o agnóstico, de hecho creo que es irracional concebir al mundo sin un Dios, la creencia de la existencia de él es necesaria para el hombre. Sin embargo, con todas esas disidencias ahí estaba, en el lugar donde debidamente la vida cobra culpa y sufrimiento; y no es buen lugar para vivir, quizá es un factor del por qué algunos sacerdotes son bien enfermos.

Ahí estaba, representando el peor sermón de Jesús, después de que el padre celibato se callara para pasarle el micrófono a alguna de sus colegas, las sirenas de las patrullas al fondo se escucharon al mismo tiempo que la banda norteña de un carro que iba pasando y que el lloriqueo del niño de la vecina. Después que pasara el carro que traía música sobre gente que mata a gente, no volvió a pasar ni uno solo a lo largo de la misa. Una ráfaga de aire levantando polvo, tres holgazanes en la esquina esquivando el polvo de sus ojos y un perro sucio ladrando casi al compás de la música del coro. Era una tarde un tanto lúgubre, y un tanto cotidiana.

Los padrinos leyeron unas palabras devotas, seguidos de la quinceañera y de los padres de la misma. Ya estaba aburrido, y con lo asfixiante del lugar y el posible crecimiento de una ampolla en el pie a causa de la novedad de los zapatos no se puede pensar a gusto, pero eso no evitó preguntarme si los monaguillos eran victimas de pederastia, recordé que un compañero de la secundaria era monaguillo de esa misma iglesia, siempre fue problemático y enigmático, no quiero hacer conclusiones. El sacerdote se miraba buena persona, hacia chistes comprometedores, aunque no fuera buena la broma el pueblo se reía, siempre se ríe de los chistes sacerdotales por que si no se ríe nos vamos al infierno. Cuando salen esos chistes dan hartas ganas de quitarle el micrófono y decirle que me cuesta mucho trabajo creer en su Dios, un Dios que se basa en el sufrimiento de la tierra para poder ser felices eternamente en el paraíso, y que además no puedo estar eternamente en el paraíso con semejante persona que todo ve, que está en todos lados, que todo lo sabe, que todas las cosas que pasan es porque él quiso, que mata a miles en Haití después de que ese pueblo literalmente ya estaba muerto.

El padre citó un libro escrito por un famoso psicólogo, se llama “El arte de amar”, y dijo que muchos se acercan a Dios para que les vaya bien en el trabajo y ganar más dinero. Y es cierto. Muchas pero muchas personas que conozco sólo van a misa cada venida del Papa o cuando se enferman, y sin embargo se creen católicos, se van de fiesta y hacen miles de pecados un sábado, y al domingo siguiente se confiesan y ya todo está resuelto. Como si en uno de los pecados hayan contraído SIDA y al confesarse desapareciera. No alimentan al espíritu y descienden a la hipocresía moral.

Al finalizar la misa llevé –en el carro- a la fiesta a mis abuelos maternos y a una vecina de la misma condición. Mi abuela iba diciendo que el Padre dio muy bonita la misa y que era buena persona, que hay unos Padres bien sangrones, como el de la López, que un día no le quizo bendecir agua que por que no iba seguido a la Iglesia, y si seguía así se iba a ir al infierno, lástima que mi abuela sólo se pudo defender con que aun es ama de casa, lo cual no es pretexto. Descreer es muy difícil, pero ya le advertí a mi madre que no volveré a ir porque que en la iglesia fui peor que un preso que lo buscan readaptar en la cárcel, como el ratón que vi en la fiesta huyendo con un pedazo de tortilla, asustado y con la pregunta si volveré.

martes, 6 de abril de 2010

El secreto de Raymundo

Sus cabellos estaban accidentalmente amarrados en la cabecera de la cama cuando Doña Susana, la madre de Raymundo, lo llamó para que desayunara. No era ni las siete de la mañana cuando él ya pensaba en aquello que lo hacia vibrar, un fuerte entorpecimiento del cuerpo con una cálida sensación genital. En aquél desayuno frio de noviembre, al ver dos huevos estrellados y una tira de tocino en el medio de estos, misteriosamente se enteró cómo y qué hacer para sentir más fuerte la sensación genital con la ayuda de su torpe y apaciguado cuerpo, en especial las manos. Después de la escuela, con la privacidad de su cuerto oscuro, el poder mental para concentrarse en lo que desea y sobre todo, en las caricias de su cuerpo tangible, más tangible que nunca; sus ojos se blanquearon ocasionalmente, su pulso se aceleró y el pie derecho vibró desmesuradamente por un minuto.

Raymundo, naturalmente, sintió que había hecho el más grande descubrimiento a sus cortos y a la vez largos doce años. Doña Susana se preguntó por qué su hijo habla mucho con su padre, por qué dura horas en el baño, cómo fue que de pronto su colchón se manchó y sobre todo, cuándo fue que perdió a su hijo, a sus doce años.

domingo, 4 de abril de 2010

¿cómo sería la vida en el futuro con la mariguana legalizada?

4 de abril del año 2110

Son las seis de la mañana, hace frio y a Roberto ya le urge -para el frio- lo que le llaman cigarricidio, un cigarro de Cannabis Sativa. Prende la televisión en el canal comercial, se da cuenta que una empresa de clase mundial vende un conducto de aire grupal, donde más de ocho personas pueden fumar al mismo tiempo o a destiempo, el anunciante era un hombre albino totalmente pelón, con traje azul y una corbata amarilla, lentes sin vidrio y tenía una voz chillona, como si hubiese comido helio.

- Como pueden observar, mis amigos sobre la pantalla, no sólo pueden fumar marihuana, sino también tabaco. Y en la compra del conducto les regalamos una dosis personal de tabaco durante un mes. Pero si llaman ahora, en los próximos cinco minutos, les regalamos sin compromiso el tubo filtrador que hace salir del cuarto todo el humo, para que nadie se entere que estas fumando con tus cuates y no lleguen los molestosos vecinos a pedirte de tus plantas.

Roberto pensó en sus amigos: hacer coopera y comprarlo. Pero en especial pensó en el Clavijas, el chico con más dinero de la cuadra, su papá tiene tierras con marihuana plantada y su mamá se dedica a hacer pócimas curativas con esta misma planta, sólo que ella no usa transgénicos, tenía fama de curar a los asmáticos.

Roberto tenía que llegar a la escuela a las siete, y ya eran las siete con diez, una vez más se le hizo tarde por quedarse pensando en su sillón. A las 7 con veinte se dio cuenta y rápido tomó su bicicleta, se fue por El Sendero del Perdedor saludando a todos los amables vecinos, varios de ellos aun escuchando las antiguas canciones de Bob Marley.

Al llegar a la escuela, antes de entrar al salón de clases, se da cuenta que su madre no le puso en la lonchera su cotidiano cigarro, y ni le había hervido la planta en su tetera, por eso le tuvo que pedir a su compañero Lorenzo, vecino de doce años de edad, un año mayor que él, dinero para ir a la tienda a comprarse un cigarricidio y un té.

Pasaron las horas de clases, la maestra de Ciencias Naturales habló del aparato reproductor femenino, de las células madres y de las neuronas, que con qué no se regeneran y con qué se mueren. El maestro de Educación Cívica les comentó algunas obligaciones de los ciudadanos, como fumar en lugares correctos. Para finalizar, el maestro de historia les contó cómo a principios del siglo pasado la marihuana era ilegal, así como consumirla o venderla, y toda la gente que moría con esa prohibición.

Todos los alumnos salieron impactados de las clases, algo confundidos y muy pensadores. Después de media hora de las clases, a las dos de la tarde, Roberto y sus amigos fueron al bosque a fumar, lo de siempre, sólo que esta vez ninguna retroalimentación. Callados, fumando, viendo las aves, preguntandose: ¿por qué vivimos así?

be continuet....

viernes, 19 de marzo de 2010

Don Trinidad, el hombre más inteligente de la familia murió

Yo estaba desayunando en el mercado universitario, cotorreando y atragantándome de unas quesadillas, como casi todas las mañanas. Muy felices mis compañeros y yo, como casi siempre. Les platicaba a mis amigos sobre la filosofía cínica (que leí en el libro El mundo de Sofía), que la fundó Antístenes, alumno de Sócrates. Los cínicos, del año 400 antes de cristo, creían que la verdadera felicidad es interna, y que no depende de lujos materiales, de poderes como el coercitivo o el político, o de buena salud. También les estaba contando sobre el más famoso de los cínicos, Diógenes, que era discípulo de Antístenes; éste habitaba en un tonel y no poseía más bienes que una capa, un bastón y una bolsa de pan, pues así no era fácil quitarle la felicidad. A manera de anécdota les narré que un día llegó Alejandro Magno a su tonel, se colocó justo enfrente y le preguntó que qué quería, que él le daría todo lo que él quisiera, entonces Diógenes sólo atinó a decirle una cosa: “Sí, que te apartes un poco y no me tapes el sol”. Ahí demostraba que no era fácil quitarle la felicidad a un hombre que sólo vive para él y como consecuencia para el bienestar social porque no le hace daño a nadie, sólo imaginemos cómo sería el mundo si nadie le hiciera daño a alguien. Para no hacer la crónica más larga, mi madre me marca y me da la noticia de que falleció un tío abuelo, que en mi parecer, era casi como el propio Diógenes.

Hombre delgado, de tez morena resultado del trabajo y del sol, bolero de niño, pescador de adolescente, ferrocarrilero de joven y cínico de viejo, creo. En esos momentos, en el momento de imaginarlo sin compañía de nosotros los que sudamos, los vivos, no pude evitar recordar cuando yo era niño, que vivía con él, porque mi papá aun no tenía casa; a la hora de comer, yo y mi hermana nos sentábamos en la sala con nuestra comida, pues en la mesa ya no cabíamos, entonces Don Trini, desde la mesa, nos aventaba pequeñas bolas de tortilla, luego le daba un sorbo a la sopa y después se mofaba volteándonos a ver de reojo, mientras nosotros riéndonos se la devolvíamos. Y mi papá nos regañaba.
Después de haberse jubilado, se dedicó a caminar por el malecón. Un día que salió a pasear como de costumbre, se dio cuenta que podía ganar dinero con seguir caminando y agachándose: juntando botes. De tal manera que su nuevo oficio, ni bueno ni malo, nos benefició a mí y a mis primos, pues el dinero que juntaba por la recolección de botes, de cada mes, nos lo regalaba y nosotros bien gustosos y deseosos nos lo gastábamos en porquerías, y la jubilación quedaba para la comida de la casa, donde vivía mis abuelos maternos, mi familia y una tía más, la hermana más chica de mi mamá. Éramos dos niños y 6 adultos, en dos cuartos.
En realidad nadie se quejaba, nunca nos quejamos, vivíamos bien a gusto con la comida suficiente y, Don Trini nos fue inculcando la idea de no dejarnos llevar por la apariencia ni por los objetos, él siempre decía –sobre todas las cosas, la panza es primero-.

Ahora, por qué digo que fue el hombre más inteligente de la familia. Como él ninguno, ni siquiera tenía cuarto para dormir, no tenía dinero en su bolsa, no tenía más de dos pares de tenis, mas de dos cambios de ropa tampoco tenía, mucho menos perfumes ni carros, no fumaba tabaco ni marihuana y no tomaba alcohol. Lo máximo que tenía era una gran canasta llena de papeles, que siempre estaba arriba del refrigerador, yo creo que había miles de papeles, escrituras de la casa, acta de nacimiento, recibos, abonos, documentos en general; era lo máximo que poseía, he aquí la comparación con el cinismo. También fue inteligente porque nunca se casó ni tuvo hijos. Me torné triste, pero fue lo mejor para él, ya tenía muy avanzado el cáncer en la próstata y sólo sufríamos. Sólo queda recordar, aunque duela, ni para qué intentar olvidar, si los olvidos también duelen.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Los hijos de la Malinche

Este escrito se basa minimizadamente en la lectura del capítulo "los hijos de la malinche" del libro de Octavio Paz, El laberinto de la soledad.

Es cierto que como mexicanos sorprendemos al extranjero por nuestras ambiguas tradiciones, y no es por nada que los europeos tengan muchas ganas de estudiarnos, analizarnos y comprender la razón de nuestro compañerismo.



En México, nos han explotado de distintas maneras, aquí el campesino trabajó para comer y lo que es furtivo: trabajaba para que todos comamos. El obrero, a diferencia del esclavo, trabaja para asegurar la comida. Y el campesino actualmente en México: no es así -de que siempre le vaya mal- el grueso de ellos, si no la importación de productos los ha despojado de esa no buena ni mala tarea. El desleal TLC ha hecho que venda tomates, lo procesen los estadounidenses, y nos lo vendan más caro y embotellado, mutilando el producto nacional, como muchos ejemplos que podría dar.
El obrero tiende a quejarse más, a ser más aislado de la sociedad y a no preguntarse qué hará para sobresalir o por lo menos que si tiene probabilidades de alcanzar la libertad. “El obrero moderno carece de individualidad” (Paz, 2008;74).
La revolución rusa fue encabezada por obreros, a pesar que no era un país industrializado. La revolución que dirigió Mao, fue motorizada por los campesinos, y la revolución cubana triunfó con campesinos y obreros. Cada dirigente de cada revolución tenía ideologías políticas y ninguno luchaba por ningún interés personal. ¿Será por eso que la revolución mexicana no triunfó o no tuvo el resultado esperado?, ¿Porque Zapata y Villa nadaban en un río de penurias políticas?



Hablando de Mazatlán del siglo XXI. Es una pequeña ciudad con muy pocos obreros, por la falta de fábricas. En cambio, es una ciudad de trabajadores-empleados, por ser puerto turístico. El capitalismo, nos deja claro que no le importa explotar al máximo a un hombre con tal que sus ganancias se dupliquen. Asímismo, nuestro brillante gobierno no se preocupa por producir hombres, con valores y virtudes, creyentes de la patria y su grandeza; nos han abandonado en un mundo que nos llama “capital humano” y que nos obliga a serlo si queremos vivir. Un México (así como un Francia, un USA, un Japón, etc) que vive de deportes, spots y telenovelas; que la calidad de vida se basa en la cantidad de bienes materiales en posesión.
De este modo, la mayoría de las personas entramos en la necesidad de trabajar arduamente para una minoría de personas, y por medio de la publicidad nos obligan a trabajar si queremos sobrevivir en el mundo material. Al mismo tiempo hacemos y entramos en una sociedad débil (digo débil porque en mayo de 2009 se demostró: un pequeño virus llamado “influenza” provocó psicosis en el país) y sumisa, las grandes empresas absorben nuestro tiempo despojándonos de nuestra naturaleza humana para decidir y pensar, dicha naturaleza se denigra a través del alineamiento televisivo y demás trabas respecto a educación.

El recelo de un mexicano al otro es uno de los obstáculos más comunes de nuestro tiempo ante la cuestión: ¿Por qué no progresa México, por culpa de quién? Podemos decir que a un mexicano le da envidia que otro mexicano progrese, ese es un gran problema de nuestro tiempo. Al ver a un compañero progresar nos da envidia porque a el se le presentaron oportunidades que a ti no y muchas veces por algún conocido en el lugar donde lo ves triunfar. Pero, esa es una verdadera problemática tanto en el sistema como en la sociedad. En el sistema, debemos haber pobres para que haya ricos y el dinero circule; unos deben estar arriba y otros abajo. Y en la sociedad igual, pero no debe haber ese sentimiento poco benigno hacia el compañero sobresaliente, al contrario, tomar su ejemplo e intentar sobresalir, a ser mejor ciudadano crítico y hacer que merezcamos un buen gobierno, porque al final: cada pueblo tiene al gobierno que merece.
Las clases sociales en México son muy ambiguas, como el propio mexicano. Pareciera que hay una nueva clase social, una combinación de la clase media: clase media baja, media, media y media alta. Una clase enajenada y maquillada con deudas, aparentemente feliz.
Octavio paz habla del grito que nos une e identifica como patriotas, un grito patriotero, “viva México hijos de la chingada”, no hay grito más vulgar y más nacionalista. Lo impredecible del mexicano ha hecho ambiguo el significado de algunas palabras, como ‘chingar’ o ‘chingada’. Vemos que en Latinoamérica se usa la palabra para determinado adjetivo, cosa o acción, pero luego nos damos cuenta que en México se usa para muchísimas expresiones, cayendo en la dependencia del tono o del ánimo con el que se repite dicha palabra. Asimismo, los múltiples significados de ‘chingada’, nos dice el estilo de vida que ejerce el mexicano. Sin sentido y estilo propio, indiferente y conformista.
Al retroceder en el tiempo para conseguir etimológicamente la “chingada”, Paz hace énfasis en la colonia y en la Malinche, ya que la Malinche es la “chingada”, que no es otra cosa que “la mujer violada” y como ya sabemos: la Malinche no fue violada pero sí usada. Sin la Malinche, Cortés no hubiese podido conquistar a los indígenas.
El mexicano común y corriente suele olvidarse de su historia y a no preguntarse por qué nos llaman mexicanos y no mexicas. Es cierto que nos olvidamos de nuestra propia historia, quizás sea porque el mismo sistema así los dispone (con la noticia no tan nueva: en los libros de texto de primaria no se verá la conquista y la colonia). Adrián García dice con cierto acierto que “en los últimos años en el País y en nuestra misma entidad, razones políticas o de intereses no muy claros, se ha impulsado la reducción si no es la desaparición de la enseñanza de la historia, cortando de tajo la oportunidad de conocer y reafirmar nuestra identidad”
En México no sólo nos avergonzamos de ser mestizos, si no tampoco deseamos que nos llamen indios o españoles. Se ha negado a conocer su origen, el por qué de las tradiciones y costumbres; él sólo existe en su mundo negado a su identidad, él sólo compra ‘banderitas’ y va a dar el grito el 15 de septiembre como todos, sin preguntarse: ¿por qué lo hago? Si indagamos y comparamos la Independencia de México con la actualidad, podemos percatarnos que nunca hemos sido independientes. Con la deuda externa y la crisis financiera basta para saber que en México dependemos de otros países para su desarrollo. Y aunque después de la guerra de independencia, México ya no tuvo contacto político con España y por lo tanto se buscaba eliminar la tradición colonial, el mexicano no pudo dejar de creer en la virgen y en cristo, no pudo poner nombres indígenas (ya que para 1810, la inmensa mayoría ya se llamaba José, Luis, Juan, Pedro, etc.), así como no pudo cambiar sus tradiciones y costumbres. Sin embargo, en México no nos consideramos nada, sólo gente; cuando realmente nos sentimos mexicanos es cuando se radica en el extranjero y cuando juega la selección mexicana de fútbol. De lo contrario, sólo somos el mundo trabajando, y digo el mundo porque en México veo a todo el mundo, raza con genoma humano único, gracias a su conquista, invasiones, emigraciones e inmigraciones; por eso sólo somos personas en el ombligo de la luna sin saber qué hacer para que todos estemos conformes. De otro modo, bien dijo un alemán: “si tuviéramos la ubicación geográfica de México, ya fuéramos la primer potencia mundial”.

En Latinoamérica se dice: ‘En México son muy machos, aquí le suben un centavo a la tarifa de transporte y ya estamos inconformemente incendiando algo’.
Si bien, puede o no ser cierto esa conclusión, pero yo diría que más que en México, estamos hablando de la provincia, yo veo a un Sinaloa más sumiso que a un Guadalajara, por ejemplo.


El mexicano es muy malinchista, en especial, muchas veces prefiere las cosas o marcas ‘gringas’ a cualquier cosa hecha en Michoacán o en Oaxaca.
Aunque si comparo al mexicano promedio con el gringo promedio, me quedo con el mexicano: los gringos tienden a comer chatarrería rápida, careciendo de cultura culinaria, y el mexicano no, el mexicano tiene sus respectivos platillos con una serie de especias. Todo gringo está obligado a ir a centro comerciales como lo es wal-mart y consumir sintetizadamente, el mexicano más común va a la típica tienda de la esquina y compra su verdura, su carne, y hace un festín. Los gringos sucumbieron a vivir en soledad e individualismo, en departamentos o en casas con jardín con suficiente diámetro para tener su vida privada, pues más privada. Y al mexicano típico, la mayoría de las veces no le importa como sea su casa o que tan junta esté con la del vecino, pues mientras tenga donde quedarse, y si su vecino le pide la plancha prestada, la estufa porque se quedo sin gas o algún tendedero, éste cede a prestar dichos servicios.
El mexicano cuenta con cierto compañerismo extraño que ninguna nación tiene, más ‘valemadrista’ ante las injusticias sociales, ante las artimañas del amor o del sufrimiento, ante la responsabilidad de la escuela o del trabajo, podría decir que es muy indiferente, rico en espíritu en cuanto a ser feliz con lo que tiene y aprovecharlo.
Me tomo la confianza para decir que México dejará de ser feliz cuando le quiten su fútbol, la iglesia, la corrupción, la televisión y sobre todo, cuando le quiten sus fiestas.

martes, 9 de febrero de 2010

Todo lo que pude haber hecho sufrir

Bruno se encuentra bajo la ventana de aquella chica de faldas largas que por años había soñado húmedamente, una morena insaciable con cuerpo de inmigrante y cabello de gitano, de suprema majestuosidad, era una perfecta mina de oro, se cuidaba sus más furtivos rincones del cuerpo, como representando un pacto con el creador de todo lo visible e invisible. Esa chica de dientes perfectos y caminado estrecho, era la que Bruno esperaba para llevarla a cenar, lástima que era una joven y promiscua testigo de Jehová.

Bruno no sabía que era más promiscua que ambigua, mas él tenía claro que si le proponía empezar el escarceo erótico, ella aceptaría, pues a sus 16 años no había mujer adulta que no le buscara. Sólo que Bruno no la quería hacer sufrir, pues su familia, Los Buenmiembro, tenía la fama de dos cosas: de hacer sufrir a las mujeres y hacerlas feliz. Depende de qué anchura de mujer lo diga.

Subieron al coche, a su lado había una pareja besándose con la música en alto, se apreciaba paulatinamente la extraña melodía de algún grupo argentino: no me importa si sos pobre, no me importa tu religión, sólo me interesa estar contigo algunas horas durante la noche, abrasarte, besarte y pasarla bien sin ver televisión, sólo imaginación. Sara, la susodicha promiscua, no le tomó importancia pero Bruno sí, por eso manejo cabizbajo hasta llegar al Yellow submarine, un restauran americano que se había inaugurado el pasado 12 de diciembre por el día de la virgen.

Una vez en el restauran, Bruno pensaba en la noche de pasión que le regocijaba la conciencia, por aquella canción del coche de enseguida, se aguantó y sacó platica sobre el clima, algo muy aburrido que duro más de diez minutos. Cuando terminaron de cenar, al pasar por el Motel Como Dios manda, Sara, después de bombardearlo con miradas sensuales, preguntó que qué seguía para la noche, Bruno contestó que ya iba a ir a dejarla a su casa porque estaba muy cansado e iba a ir a la escuela.

Al día siguiente Sara murió porque una salchicha se le quedó atorada en la garganta, pero antes de eso, había escrito en su diario: Bruno ni siquiera me tocó, yo quería jugar con él toda la noche, quería sufrir interminablemente.

Bruno sólo pudo decir: Todo lo que pude haber hecho sufrir

martes, 26 de enero de 2010

Los pelos de Genaro

Los pelos de Genaro

Era el 26 de enero del 2010 y ya faltaban cinco minutos para la hora de entrada cuando Genaro, el dueño de esa sonrisa peculiar y pícara que estremecía a las chicas de la casa de enseguida, aun peinaba sus rebeldes y longevos cabellos; como era de costumbre, él se bañaba y desayunaba en diez minutos (cinco minutos para cada virtud), y se peinaba en los restantes veinte. Cuando en el pueblo se hablaba de la familia de Genaro, enseguida sicológicamente los colonos vomitaban pelos, nadie nunca supo por qué, ni Doña Juana, la curandera y clarividente social. Resulta que la madrugada de ese agitado 26 de enero, había soñado que le quitaban lo único que le traía placer: Sus cabellos. Su sueño fue algo raro, una de sus novias, Hortensia, tramaba un truculento suceso: quitarle esa cabellera que tanto molestaba al momento de hacer el amor.Durante su estancia en el camión, Genaro se mostraba inquieto y pensante mirando por la ventanilla, un jardinero sacaba sus poderosas y amenazantes tijeras para cortar sigilosamente las hojas que Genaro, relacionó con sus pelos. Para él todo era una señal, desde ver el desgastado pelaje del trapeador de Justo, el conserje, hasta la peluca de Homero, su maestro de Matemáticas. En el trance, Genaro claramente escuchó a su cabellera decir: "No dejes que nos corten, no te asustes, soy un pensamiento, producto de tu aburrimiento; pero por nada dejes que nos corten, somos tu vida". Ahora el problema estaba fuera de control como su barba, y aumentó cuando recordó que se acercaba peligrosamente el 14 de febrero, y la nostalgia; pues nada o muy tonto, tenía dos novias en el mismo vecindario, algunos dicen que es por la magia ambigua del cabello. Resulta que después de haber pasado un día de señales, llegó a su casa luego de ir a ver a Petronila, su otra novia. Cansado mental y físicamente se echó a dormir. Su madre, Doña Silvia, una mujer anciana que enfermaba estaba y que solía presumir que su familia venía de origen alemán (razón para que le llamaran la 'loca alemana'); estaba ansiosa de ver dormir a su hijo para poder cortarle con mayor facilidad sus pelos, y así divorciarse de los ‘argüendes’ y de las risas del pueblo. Agarró con la mano derecha las tijeras que le regaló su padre y con ímpetu placentero corto peligrosamente los pelos de Genaro. De ahí en adelante, Genaro ya nunca se volvió a ver en su caballo, presumiendo por todo el lugar que su pelo era más denso que el del animal. Ahora sólo se escucha la extrañeza y las cuestiones del pueblo, qué pasó con Genaro; los niños contestaban que se lo comió la tierra; los adultos creyentes sostenían que Jesucristo bajó y se lo llevó para hacerlo el "Dios del pelo". Y la minoría ignorante se mostraba indiferente. Lo que nadie nunca supo, fue que Genaro se encontraba bajo la cama lamiéndose el dedo de una mano y con la otra untándose frijoles con cebolla, que para recuperar su vida.

lunes, 25 de enero de 2010

El secreto de Raymundo

El secreto de Raymundo


Sus cabellos estaban accidentalmente amarrados en la cabecera de la cama cuando Doña Susana, la madre de Raymundo, lo llamó para que desayunara. No era ni las siete de la mañana cuando el ya pensaba en aquello que lo hacia vibrar, un fuerte entorpecimiento del cuerpo con una cálida sensación genital. En aquél desayuno frio de noviembre, al ver dos huevos estrellados y una tira de tocino en el medio de estos, misteriosamente se enteró cómo y qué hacer para sentir más fuerte la sensación genital con la ayuda de su torpe y apaciguado cuerpo, en especial las manos. Después de la escuela, con la privacidad de su cuerto oscuro, el poder mental para concentrarse en lo que desea y sobre todo, en las caricias de su cuerpo tangible, más tangible que nunca; sus ojos se blanquearon ocasionalmente, su pulso se aceleró y el pie derecho vibró desmesuradamente por un minuto.
Raymundo, naturalmente, sintió que había hecho el más grande descubrimiento a sus cortos y a la vez largos doce años; a partir de ahí. Doña Susana se preguntó por qué su hijo habla mucho con su padre, por qué dura horas en el baño, cóimo fue que de pronto su colchón se manchó y sobre todo, cuándo fue que perdió a su hijo, a sus doce años.

Fin

viernes, 22 de enero de 2010

Infinita Tristeza

Los meses desperdiciados de Genaro, Infinita Tristeza


Genero al no ver su bicicleta montaña con galón para portar agua, que tanto anhelaba; empezó lo que su madre le llamaba Infinita Tristeza, infinita porque para ella no tiene fin y tristeza porque no está feliz, respondía cuando los chilpayates de la vecina le preguntaban interesantes. Genaro corrió, corre y correrá más que un comerciante en domingo, fácilmente recorría 5 veces el pueblo sin interrupción alguna, pues no paraba hasta encontrar una pieza más para la razón que lo hacía andar tan rapido: una bicicleta que lo aliviara de tanto correr. Después de encontrar la pieza y echarla al canasto de tenía de pintado color negro "armar bicicleta", dormía pensando en el aire fresco de las montañas.
Entre el calor del día y el monótono ladrido de perros, Genaro Sabino, después de correr seis meses y 16 días; se percato que ya estaba lista su bicicleta.
Entonces desde ese día, Genaro no volvío a salir del cuarto de cosas olvidadas, excepto para necesidades biológicas próximas y cortarle las uñas a su abuela, que recientemente perdió el ojo derecho por consumir demasiada mariguana. Pasó exactamente 6 meses y 16 días dentro del cuchitril armando la soñada bicicleta. Cuando salió a disfrutarla, jamás iba a imaginar que el trator de su papá se iba a meter en su camino, matándolo a él y a su bicicleta. Las palabras que se le escucharon decir antes de morir fueron -mis meses desperdiciados.

fuente> El Pueblo